Las marcas de Jesús

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).

1. Breve presentación

Un grupo de cristianos procedentes de Jerusalén recorren las comunidades de Pablo rebatiendo su predicación. Este grupo de cristianos quieren un cristianismo unido a las tradiciones judías y al templo. Para ellos Jesús es uno más entre los grandes. Esta noticia llega a Pablo que está prisionero en Éfeso. El apóstol de los gentiles escribe una carta llena de brío. Dice a aquella comunidad que siguiendo estos planteamientos se están perdiendo lo mejor: Jesucristo. Al final de la carta escribe: “En adelante, que nadie venga con dificultades, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús” (Gal. 6, 17).

¿Qué te sugiere la imagen de las marcas de Jesús? Lo que queda claro es que hay un proceso de identificación de Pablo con Cristo. Hay un proceso de identificación con Cristo de cada uno de nosotros.

Sombras

  1. El cansancio: «Hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada» (Lc 5,5).
    Cuenta San Lucas en su evangelio que en cierta ocasión Jesús pidió a sus discípulos que echaran las redes al lago con la intención de pescar. El Señor hizo esta petición después de que aquellos pescadores hubieran pasado toda noche en la barca sin coger ni un solo pez. Ellos eran expertos pescadores y sabían bien cuándo había que pescar y cuándo la pesca era imposible. Lo que pedía Jesús en aquella ocasión era disparatado. Allí no había pesca. Pero, el Señor pide un esfuerzo más y sobre todo pide fe en su Palabra.
    «El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen… Esta acedia pastoral puede tener diversos orígenes. Algunos caen en ella por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podrían hacer. Otros, por no aceptar la costosa evolución de los procesos y querer que todo caiga del cielo. Otros, por apegarse a algunos proyectos o a sueños de éxitos imaginados por su vanidad. Otros, por perder el contacto real con el pueblo, en una despersonalización de la pastoral que lleva a prestar más atención a la organización que a las personas, y entonces les entusiasma más la «hoja de ruta» que la ruta misma. Otros caen en la acedia por no saber esperar y querer dominar el ritmo de la vida. El inmediatismo ansioso de estos tiempos hace que los agentes pastorales no toleren fácilmente lo que signifique alguna contradicción, un aparente fracaso, una crítica, una cruz » (EG 82).
  2. El pesimismo: «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad” (2 Cor 12,9).
    San Pablo escribía a los cristianos de Corinto afirmando que ser consciente del propio barro permite asentarse en la gracia. «Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros» (2 Cor 4,7). Sabemos que Dios necesita de la colaboración de mediaciones tan pobres como podemos ser nosotros, y somos conscientes que nunca estaremos a la altura de la misión.
    “Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo. El que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos. Aun con la dolorosa conciencia de las propias fragilidades, hay que seguir adelante sin declararse vencidos, y recordar lo que el Señor dijo a san Pablo: «Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la debilidad” (2 Cor 12, 9). El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal. El mal espíritu de la derrota es hermano de la tentación de separar antes de tiempo el trigo de la cizaña, producto de una desconfianza ansiosa y egocéntrica” (EG 85).
  3. La mundanidad: “Todos buscan su interés y no el de Jesucristo” (Flp 2,21)
    En otra ocasión, el mismo apóstol sabiendo que está en deuda con la comunidad de Filipos, quiso enviar a uno de sus colaboradores para agradecer los gestos de cercanía y solidaridad que habían tenido con él y con las otras comunidades cristianas. Pero, Pablo no sabe a quién enviar más que a su fiel colaborador Timoteo, y dice refiriéndose a los demás: «todos buscan su interés y no el de Jesucristo” (Flp 2,21).
    “Quien ha caído en esta mundanidad mira de arriba y de lejos, rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione, destaca constantemente los errores ajenos y se obsesiona por la apariencia. Ha replegado la referencia del corazón al horizonte cerrado de su inmanencia y sus intereses y, como consecuencia de esto, no aprende de sus pecados ni está auténticamente abierto al perdón. Es una tremenda corrupción con apariencia de bien. Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres” (EG 97).
  4. Creer sin pertenecer: «Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro» (1 Cor 12,2)
    Otra de las tentaciones que podemos tener es no valorar la comunidad, incluso abandonarla, o alejarse de la Iglesia. Algunas comunidades cristianas están tentadas de vivir enfrentadas con otras comunidades cristianas. Además todos somos conscientes de que existen divisiones, envidias, calumnias, celos, difamaciones, venganzas.
    “A los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis: «En esto reconocerán que sois mis discípulos, en el amor que os tengáis unos a otros” (Jn 13,35). Es lo que con tantos deseos pedía Jesús al Padre: «Que sean uno en nosotros […] para que el mundo crea» (Jn 17,21)” (EG 99).

Luces

  1. Sobreponerse: «No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien» (Rm 12, 21)
    El apóstol escribe a los cristianos de Roma una carta con el objetivo de poner paz en esta comunidad donde hay conflictos entre cristianos judaizantes y cristianos que vienen del paganismo. A unos y a otros les propone que no se dejen vencer por el mal sino que venzan el mal a fuerza de bien (Rm 12,21). El camino es claro: apostar por el bien y luchar contra el mal.
    “Un desafío importante es mostrar que la solución nunca consistirá en escapar de una relación personal y comprometida con Dios que al mismo tiempo nos comprometa con los otros. Eso es lo que hoy sucede cuando los creyentes procuran esconderse y quitarse de encima a los demás, y cuando sutilmente escapan de un lugar a otro o de una tarea a otra, quedándose sin vínculos profundos y estables… Hace falta ayudar a reconocer que el único camino consiste en aprender a encontrarse con los demás con la actitud adecuada, que es valorarlos y aceptarlos como compañeros de camino, sin resistencias internas. Mejor todavía, se trata de aprender a descubrir a Jesús en el rostro de los demás, en su voz, en sus reclamos. También es aprender a sufrir en un abrazo con Jesús crucificado cuando recibimos agresiones injustas o ingratitudes, sin cansarnos jamás de optar por la fraternidad” (EG 91).
  2. Cercanía y proximidad: “Cuidad de vosotros y de todo el rebaño que el espíritu Santo os encomendó” (Hch 20,28)
    Pablo, intuyendo que su ministerio está terminando, reúne a los presbíteros de la comunidad, a quienes abre su corazón, muestra el camino que recorrido no exento de dificultades, hace confesión de fe y muestra su disponibilidad para seguir anunciando la buena nueva de la gracia de Dios.
    Hoy muchos agentes de pastoral cuidan, protegen y acompañan a los jóvenes en su camino de vida y de fe. Son hombres y mujeres, muchos de ellos jóvenes, que tienen un gran respeto por la situación de cada persona, valoran las relaciones humanas, escuchan, están en medio de los jóvenes, se muestran cercanos a ellos. Desde nuestro punto de vista la cercanía y la hospitalidad son criterios de discernimiento pastoral, y generan una cultura del encuentro.
  3. La opción por los pobres: “Hay mayor felicidad en dar que en recibir”(Hch 20,35).
    Jesús nació, vivió y murió pobre. Sus milagros dejan ver un corazón compasivo con quién sufre. Sus parábolas son vida y esperanza para los pobres. Sus palabras son meridianas: “no podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16, 13); “bienaventurados los pobres porque de ellos es el Reino de los cielos” (Lc 6,20).
    “Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo” (EG 187).
  4. Testigos del Señor y artífices de comunión: “No te avergüences de dar testimonio de Dios” (2 Tim 1,8)
    Timoteo fue compañero de Pablo en muchos proyectos pastorales. El apóstol hace un gran elogio de él en la carta a los a los Filipenses: “A nadie tengo de tan iguales sentimientos que se preocupe sinceramente de vuestros intereses” (Flp 2, 20). Pablo ponía en manos de Timoteo muchas misiones comprometidas.
    En un momento de su vida, Pablo dejó a Timoteo como obispo en Éfeso. La empresa no era fácil y el obispo recibió mucha oposición y menosprecio por su juventud. Esta situación dejó a Timoteo en una situación de tristeza y de fragilidad. San Pablo se sintió responsable de la situación y escribió a Timoteo una carta llena de ternura: “Al recordar las lágrimas que derramaste, me vienen ganas de verte para colmar mi gozo. Recuerdo tu fe sincera, la que alentaba primero en tu abuela Loide, después en tu madre Eunice y seguro que alienta en ti” (2 Tim 1,4-6). San Pablo propone a Timoteo ser testigo de Dios con fortaleza. “Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprende, exhorta con toda paciencia y pedagogía” (2 Tim 4, 2).

2. LECTIO

Llamado a vivir como Jesús

“Los setenta y dos volvieron gozosos diciendo: ¡Señor!, hasta los demonios nos obedecen en tu nombre.
Jesús les contestó:
He visto a Satanás caer como el rayo del cielo. Mirad, os he dado autoridad para pisotear serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, con lo que nada os hará daño. De todos modos no os alegréis porque los espíritus se os sometan, sino porque vuestros nombres están escritos en el cielo.
En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo:
¡Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra! Porque, ocultando estas cosas a los entendidos, se las has revelado a los ignorantes. Sí, Padre, ésa ha sido tu elección. Todo me lo ha encomendado mi Padre. Nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el hijo se lo quiera revelar.
Volviéndose aparte a los discípulos les dijo:
¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, escuchar lo que vosotros escucháis, y no lo escucharon” Lucas (10,17-24).

Este texto nos convendría leerlo en más de una ocasión. Es un texto que nos puede llenar de esperanza. Aquí os propongo algunos puntos de meditación.

Vuelven de la misión

Dentro de su Evangelio, Lucas sitúa este texto, a la vuelta de los discípulos mandados en misión. Jesús les había mandado ir a donde tenía pensado ir él. “Preparadle un camino al Señor, allanad una calzada para nuestro Dios”.

Ellos vuelven llenos de entusiasmo por la labor que Dios ha hecho a través de ellos. Habían ido a la misión con un cierto temor. El ambiente era poco favorable. Vuelven contentos y deseos de contárselo al Señor.

Son conscientes que el poder que han ejercido no es suyo, sino que van en el nombre de Jesús. Se han dado cuenta que el mal ha disminuido por donde han pasado. Jesús les ha dado el poder de pisar serpientes (referencia al primer mal que los israelitas sufrieron en el desierto). Además, el Señor les ha asegurado que nada les hará daño (amados y bendecidos por Dios). Por último les dice también que sus nombres están escritos en el cielo (la esperanza cristiana siempre apunto al futuro en Dios).
Estos breves versículos nos deberían dar que pensar. Jesús nos manda a donde Él tiene pensado ir. Nosotros también constatamos que el tiempo tampoco hoy es favorable. Aquellos discípulos nos recuerdan que nuestra fuerza no son nuestras acciones sino el Señor que nos envía. ¡Qué importante saber ver la diferencia! ¡Cuántas veces tenemos que reconocer que damos más importancia a las cosas que hacemos que al Señor que nos envía!

También nosotros deberíamos alegrarnos por saber que nada nos hará daño. Somos queridos y bendecidos de Dios, él cuidará de nosotros. Si esta convicción calara en nosotros, bajara de nuestra cabeza a nuestro corazón, nos llenaría de gran emoción y temblor. Ante este trabajo, esta dificultad, este fracaso se oye en nuestro interior: ¡No temas. Eres querido de Dios. Estás en mis manos bondadosas. No temas!

También nosotros estamos comprometidos en que el mal disminuya, estamos en batalla contra el mal.

¿Dónde pones tu corazón?

Jesús pide a sus discípulos que no pongan su alegría en las cosas que han hecho sino en el lugar que ocupan en el corazón de Dios. Nuestros nombres están escritos en el cielo.

El texto acaba con una alabanza. Tienen unas claras resonancias trinitarias. La alegría del Espíritu Santo, la bendición del Hijo al Padre, el beneplácito del Padre.

Jesús está alegre y da gracias al Padre. Hay algunos que entienden qué es el Reino: el corazón de Dios, Dios mismo y su voluntad. ¿Quiénes son? Los sencillos y no los instruidos, los pequeños y no los poderosos. Dios se ha prestado a revelar a sus discípulos, que no eran los sabios sino los sencillos los que son capaces de escuchar y aceptar sus designios.

Dichosos porque veis y escucháis

¡Qué suerte tenéis! Vosotros podéis ver y escuchar. Cuando otros miran no ven. Cuando otros prestan atención no escuchan. Vosotros podéis ver y escuchar. Por eso seréis enviados a la misión. Aquellos discípulos son los mimados, pues Jesús les ha comunicado los misterios divinos, les ha hecho participar de la situación privilegiada que tenía junto al Padre.

Oración
Lucas 10,17-24

Salmo 90

“Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: ‘Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti’.
No se acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos.
Te llevará en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminará sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.
‘Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre;
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré, lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación”.

 

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