Soy una misión en esta tierra

“Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás” (EG 273).

1. Breve presentación

He encabezado esta meditación con uno de los textos de la exhortación EG que más me ha impactado: “Yo soy una misión en esta tierra” (EG 273). En este texto Francisco sitúa la misión en la identidad profunda del creyente. El santo Padre reconoce que en lo más profundo del ser humano está una llamada de Dios.

En primer lugar descubrimos una llamada de Dios a la existencia y al amor. En ese lugar radical, el lugar del “yo soy”, Dios ha dejado su huella y ha dibujado su imagen divina, somos hijos en el Hijo. Nuestra vocación primera es dejar que el rostro de Cristo se dibuje en nosotros y que los sentimientos de Cristo el Señor arraiguen en nuestra existencia. Y en ese lugar del “yo soy” se establece un diálogo de amor entre Dios, Palabra creadora, y nosotros mismos, sus criaturas queridas. En ese lugar recibimos una llamada a ser lo que somos y a ser lo que seremos. Por eso, decir “yo soy una misión en esta tierra” tiene un significado profundo. En este sentido, el cardenal Newman comentaba que Dios me ha llamada a una misión concreta, una misión que no ha dado a otro sino a mí.

Solo podremos hablar de esta manera si ponemos en el centro a Dios como la fuente de la existencia; si reconocemos la gran dignidad de cada ser humano, incluso de quien sucumbe ante la fragilidad porque somos también “polvo y aliento” (Génesis 2); si somos capaces de responder a la llamada de Dios comprometiendo nuestra vida con la suya.

2. Querido, amado, bendecido, llamado, enviado

Formulo algunos de dinamismos espirituales que sustentan esta meditación de esta manera: saberse querido y amado por Dios de manera entrañable; sentirse bendecido y entender la creación como una bendición; recibir con alegría la llamada de Dios y responder con generosidad.

Es posible que en muchos momentos de tu existencia te hayas sentido querido o querida por Dios de manera entrañable. Posiblemente guardes en tu memoria algunos momentos especiales donde de manera particular notaste luz en tu conciencia y alegría en tu corazón por la presencia en ti del amor inexplicable de Dios. Pero a veces también te puede inquietar no ser capaz de descubrir el bien que Dios te regala en lo que te rodea.
Es maravilloso constatar que Dios es diálogo, que quiere hablar a cada hombre y a cada mujer. Este diálogo entre Dios y cada uno de nosotros es un don y una tarea, una bendición y una responsabilidad. Cada día estamos más convencidos que los seres humanos tan solo somos criaturas junto a las demás criaturas y, en este sentido, toda vida creada es misión. Toda criatura recibe existencia y vocación. No tendré paz mientras en mí no se corresponda vida y vocación.

Posiblemente al rezar estas meditaciones sientas la necesidad de agradecer a Dios por hacerte a su imagen y semejanza, por poner en tu raíz más profunda el rostro y el corazón de su Hijo Jesús. Es probable que al rezar en esta mañana pidas a Dios la capacidad de aceptarte como Él te ha hecho, de acertarte también necesitado de semejantes para llenar tus vacíos y tus deseos.

3. No seas sordo a su llamada

El principal peligro que puede acompañar a estas meditaciones es entretenernos en juegos del lenguaje y quedar atrapados por pensamientos narcisistas. Cuanto más ensimismados estamos en estos juegos más se deja ver nuestra radical fragilidad e impotencia.

Por lo tanto nuestra mejor actitud consiste en no ser sordos a su llamada, disponernos y prepararnos a recibir su voz, amor, llamada, invitación, y ser capaces de optar por la opción de Dios sobre mí. ¡Que Dios disponga de mí! Él elige y nosotros elegimos lo que Él elige para nosotros. ¡Es éste un gran misterio de amor!

Somos seres paradójicos

Pero nosotros también pasamos, utilizando el lenguaje de San Juan de la Cruz, noches oscuras: en los sentidos, en el espíritu y en la fe. Cuando notamos ausencia de consuelos afectivos, o tristezas, o insensibilidad estamos en la noche de los sentidos. Cuando no sentimos en nosotros la fuerza de la fe o de la vocación, vivimos la noche del espíritu. Cuando Dios se nos muestra lejano o sentimos su silencio, estamos viviendo la noche de la fe.

La formación afectiva

En este sentido, la formación afectiva no es algo del pasado porque el corazón pasa por distintas estaciones. La formación afectiva no es solo necesaria para los primeros años de nuestra vida, por el contrario, esta formación es importante en cada etapa de la vida. También ahora, tenga la edad que tenga, para amar con el corazón del Hijo debemos educar nuestros sentimientos, nuestros deseos, nuestra sensibilidad.

Algunas verdades son tan sencillas que tardan muchísimo tiempo en recorrer el camino que va de la inteligencia hasta el corazón donde tienen su acomodo natural. Una de esas verdades a las que me refiero la formulo de esta manera: “todos hemos sido amados por Dios desde toda la eternidad, desde siempre y para siempre”. Hasta que esta verdad no inundan nuestro corazón vamos mendigando sin saber que ya somos ricos.

4. LECTIO

Él me ha elegido

“El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. Entró el ángel adonde estaba ella y le dijo:
Alégrate, favorecida, el Señor está contigo.
Al oírlo, ella se turbó y discutía qué clase de saludo era aquel. El ángel le dijo:
No temas, María, que gozas del favor de Dios. Mira concebirás y darás a luz a un hijo, a quien llamarás Jesús. Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; El Señor Dios le dará el trono de David su padre, para que reine la Casa de Jacob por siempre y su reinado no tendrá fin.
María respondió al ángel:
¿Cómo sucederá eso si no convivo con varón?
El ángel respondió:
El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te hará sombra; por es, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. Mira también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. Pues `para Dios nada es imposible.
Respondió María:
Aquí tienes a la esclava del Señor: que se cumpla en mí tu palabra.
El ángel la dejó y se fue” (Lucas 1,26-38).

Lucas es el evangelista que mejor retrata a María, la madre de Jesús; ve en ella a la primera y mejor cristiana. Por eso nuestra vocación de creyentes está descrita en estos hermosos versículos. A lo largo de la historia un sinfín de artistas han pintado esta escena donde encontramos el diálogo abierto entre el hombre con Dios, la llamada y la respuesta, un Dios que pide colaboración al hombre, un hombre que está dispuesto a seguir el plan de Dios.

Este texto de la Anunciación de María solo lo encontramos escrito en el evangelio de San Lucas, en su primer capítulo. Estos primeros capítulos son una especie de “evangelio dentro del evangelio”. Es decir, en estos capítulos se plantean los grandes temas que después serán desarrollados en el resto del Evangelio. El evangelista, en este texto de la Anunciación, presenta una escena hermosa. Vamos a hacer algunas reflexiones desde una clave vocacional.

Has recibido gracia

El ángel llama a maría favorecida, llena de gracia. Solo por gracia podemos reconocernos queridos, elegidos, llamados. Ninguno, ni por esfuerzo, cualidades o bondad, merecemos las cosas que la vida nos regala. No nos merecemos la existencia, ni la vocación, ni el amor. Estas cosas tan sustanciales en la vida de una persona las recibimos gratis y por gracia.

“En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su unigénito, para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4, 9-10).

La vocación es un diálogo

La vocación es un diálogo. Gabriel dirige la palabra a María por tres veces. Le dice: “El Señor está contigo”; “Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús”; “El Espíritu Santo vendrá sobre ti…el que va a nacer se llamará Hijo de Dios”. María responde a estas palabras del ángel de tres maneras: la primera reacción es temor y miedo; después una pregunta “¿Cómo sucederá…?”; después “Aquí tienes a la esclava del Señor”. Este proceso es el habitual en toda llamada: sorpresa y el miedo, dudas, y por último disposición.

Miedo y dudas

Como María, también podemos vivir miedos, podemos hacer preguntas. Toda llamada acarrea sorpresa, miedo, preguntas, confusión. El ángel tranquiliza a maría: ¡No temas!

También nos tranquiliza a nosotros ante la desproporción de la vocación. En estos momentos de tu vida todavía puedes tener miedos. Puedes sentir miedo a perder la vida, a fracasar, a lo que el futuro nos depara. Hay en nosotros todavía miedos. Es muy comprensible. ¡No temas!

Puede haber en nosotros preguntas. Hay preguntas incómodas. Preguntas sobre el camino recorrido (¿merece la pena lo vivido?) o sobre el futuro (¿qué me espera Señor?). Son comprensibles las preguntas. Hemos de buscar las soluciones que Dios nos propone ante los problemas que la vida nos impone. ¡No deseches las preguntas por incómodas que sean! Porque has encontrado gracia delante de Dios: porque Dios es tu roca, te ama, te acompaña, estás en sus manos bondadosas, te envuelve su misericordia.

Abrirse a la voluntad de Dios

Lucas dibuja en este texto, en María, a la perfecta cristiana. Abrirse a la voluntad de Dios, decir “hágase…”, es siempre la clave fundamental de la vida cristiana.

Esta misma teología sobre la voluntad de Dios la encontramos en la reflexión sobre el misterio de Cristo en la carta a los Hebreos. El autor sagrado nos recuerda cómo Dios nos quiere hablar, en este momento culminante de la historia, por medio de su Hijo. El cuál al entrar al mundo dice “Aquí estoy, Oh Dios, para hacer tu voluntad” (Heb. 10,7). Y aprendió sufriendo a obedecer (Heb. 5,7-8). Hacer la voluntad de Dios es responder, obedecer.

La vida cristiana es disponibilidad, estar dispuesto a decir “hágase”, “aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. Recordemos como el evangelio de Marcos distingue una familia carnal de Jesús y una familia espiritual, los que escuchan la Palabra de Dios y la llevan a práctica, los del “hágase”, los del “aquí estoy Señor para hacer tu voluntad” (Marcos 3, 31-35).

La Madre de Jesús

Este gran misterio nos recuerda la vocación de María, ser la Madre del Señor. Deberíamos aprender de ella que ofrecer a Jesús no es sólo pensarlo, no es sólo sentirlo, no es sólo anunciarlo, sino vivirlo y llevarlo en el seno. Cuántas veces hemos acumulado saberes sobre Dios, sin que hayamos conseguido sabernos amados por Él.

Textos de la Escritura

Lucas 1,26-38

Cantar de los Cantares 8, 6-7
“Grábame como un sello en tu brazo,
como un sello en tu corazón,
porque es fuerte el amor como la muerte,
es cruel la pasión como el abismo;
es centella de fuego, llamarada divina;
las aguas torrenciales no podrán apagar el amor
ni anegarlo los ríos.
Si alguien quisiera comprar el amor
Con todas las riquezas de su casa,
Se haría despreciable”

 

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Un comentario en “Soy una misión en esta tierra

  1. Pingback: Introducción “Soy una misión en esta tierra” | Ejercicios espirituales Sal terrae 2017

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