El amor a Jesús

“La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más” (EG 264).

1. Breve presentación

Quisiera dedicar esta meditación a hablar sobre el amor. “La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra, vuelve a cautivarnos una y otra vez” (EG 264).

“No es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con el Evangelio que hacerlo solo con la propia razón” (EG 266).

El corazón del Evangelio

Cuando hablamos de amor viene a la mente la imagen del corazón. En esta palabra se encierra lo básico y fundamental, lo originario y lo profundo, de la persona. El corazón alude a la profundidad de la persona: su interioridad, sus pensamientos y sentimientos más genuinos.

La Escritura presenta el corazón de Dios, con deseos, sentimientos, designios, compasión y conocimiento. En el Nuevo Testamento se dice que el corazón es el centro de la vida espiritual. Y se dice que del corazón nacen las mejores y las peores inclinaciones humanas, la obediencia a Dios y la obstinación. Pedimos a Dios que fortalezca nuestro corazón. Se invita a la conversión del corazón. Esta conversión es posible por la inhabitación del Espíritu en los creyentes, transformando sus corazones, llevándolos a una auténtica vida en Cristo, gracias a la cual conocen a Dios y se llenan de su conocimiento.

La sed de Cristo

En esta meditación quiero invitaros a fortalecer en nosotros el amor a Jesucristo. Pero antes resulta interesante considerar la sed de Jesús.

Recodemos el texto de la Samaritana en la que Jesús pide a aquella mujer que le dé de beber porque está sediento de su fe. “Dame de beber”.

Recordemos a Jesús en la cruz. “Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: Tengo sed… Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: Está cumplido. E inclinando la cabeza entregó el espíritu” (Juan 19, 28.30). En los versículos previos se presentaba a Juan y a María, la nueva Iglesia, junto a la cruz. En los versículos posteriores se cuenta cómo después de recibir una lanzada en su costado, del interior de Jesús manó sangre y agua: vida derramada para la salvación del mundo y Espíritu donado para la vida del mundo.

Pero, ¿qué es la sed de Jesús? La sed de Jesús es el cumplimiento de la voluntad del Padre, su entrega generosa por nosotros, el don del Espíritu Santo. “En la cruz Dios mismo mendiga el amor de su criatura: él tiene sed del amor de cada uno de nosotros (Benedicto XVI).

Hemos hablado de la sed de Jesús en el texto de la samaritana, así como en el texto de Jesús en la cruz, nos falta recordar aquel texto en el cuál, Jesús en el templo gritó: “Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que cree en mí, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva” (Juan 7, 37-39). Tenemos sed de Jesús. ¿A quién o a qué merece la pena que entreguemos el corazón?

Pertenencia

Jesús es verdadero Señor de nuestros corazones. La pertenencia es una de las necesidades básicas en la persona. Los ámbitos donde se concreta la pertenencia son diversos: la familia, la comunidad humana próxima, el ámbito socio-cultural, la comunidad eclesial local y universal, la humanidad, Dios.

Nos fijamos en este último porque esta pertenencia a Dios es dadora de un sentido original y pleno. Le decimos al Señor: ¡Te pertenezco! ¡Estoy unido a ti como el sarmiento a la vid!

Conocer, amar y seguir

En nuestras relaciones hay tres realidades que están interconectadas como vasos comunicantes: conocer a una persona, amarla, convivir con ella. Van creciendo a la par. Sólo empiezas a conocer bien a una persona cuando la amas, y aprendes a amarla a medida que te acostumbras a ella y compartes su camino.

En la vida de fe ocurre algo semejante. No amamos de forma distinta en la fe de cómo amamos en nuestra vida humana de cada día. Conocer a Jesús, amar a Jesús y seguir a Jesús. Cuanto más amo más conozco. Hay una circulación progresiva entre conocimiento, amor y seguimiento. ¿No es verdad que así ha sido nuestra historia de seguidores de Jesús?

2. LECTIO

El amor a Jesucristo

“Saulo, respirando amenazas, contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco autorizándolo para llevar presos a Jerusalén a cuantos secuaces del Camino encontrase, hombres y mujeres. Iba de camino, ya desde Damasco, cuando de repente lo deslumbró una luz celeste. Cayó en tierra y oyó una voz que le decía:
Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Contestó:
¿Quién eres, Señor?
Le dijo:
Yo soy Jesús, a quién tú persigues. Ahora levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que has de hacer.
Los acompañantes se detuvieron mudos, pues oían la voz y no veían a nadie. Saulo se alzó del suelo y, al abrir los ojos, no veía. De la mano lo hicieron entrar en Damasco, donde estuvo tres días, ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. En una visión le dijo el Señor:
¡Ananías!
Respondió:
Aquí me tienes, Señor.
Y el Señor a él:
Encamínate a la calle Mayor y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso: lo encontrarás orando.
Ananías respondió:
Ve, que ese es mi instrumento elegido para difundir mi nombre entre paganos, reyes e israelitas. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre.
Salió Ananías, entró en casa y le impuso las manos diciendo:
Hermano, me envía el Señor Jesús, el que se te apareció cuando venías, para que recobres la vista y te llenes de espíritu Santo.
Al instante se le cayeron de los ojos unas como escamas, recobró la vista, se alzó, se bautizó, comió y recobró las fuerzas. Y se quedó unos días con los discípulos de Damasco. Muy pronto se puso a proclamar en las sinagogas que Jesús era el Hijo de Dios” (Hechos 9,1-20).

He preferido coger un texto de los Hechos de los Apóstoles. Libro que la tradición siempre ha unido al evangelista San Lucas. Esta obra, los Hechos, es considerada como la segunda parte de su evangelio.

Elijo este texto porque pocos textos como éste describen con tanta claridad qué es encontrarse con Jesucristo. Este encuentro cambió la vida entera de Pablo, le transformó totalmente. Fue un nuevo nacimiento. Así lo recuerda el apóstol cuando a los Filipenses les escribe: “En el camino a Damasco fui alcanzado por Cristo Jesús”.

Los Hechos de los Apóstoles encuentran tan determinante este acontecimiento que Lucas lo describe de tres maneras distintas.

La escena que dibuja Lucas nos presenta a un judaísmo dividido por causa de Cristo. El judaísmo podía entender que Jesús fuese un gran hombre, incluso un gran profeta, pero aceptar su singularidad (Dios y hombre verdadero, Mesías, Señor….) era más de lo que podían aceptar. De este conflicto también vivió la primera comunidad cristiana. La experiencia de San Pablo, su teología, sus posiciones fueron determinantes. Lucas nos presenta una iglesia perseguida y a Pablo como uno de los líderes de esta persecución.

De repente lo deslumbró una luz celeste

Con esta brevedad y claridad lo cuenta Lucas. Algo se estaba fraguando en el corazón de aquel hombre. En el momento apropiado es lanzado al suelo. Se le hizo evidente que Jesús crucificado se había encontrado con él como Resucitado. Fue una experiencia arrolladora. Literalmente lo arrojó a tierra. En este momento, dice el texto, le deslumbra una luz celeste. ¿Pero qué es esto? ¿Cómo he podido vivir así?

¿Quién eres Señor?

Algo se estaba fraguando dentro. Su primera palabra es llamarle Señor. Es como si aquello que estaba negando externamente le estuviese ganando la batalla dentro. Es verdad. ¡Es el Señor! ¡Estoy persiguiendo, destruyendo a mi Señor! ¿Cómo puedo estar tan equivocado?

Se establece un diálogo sencillo entre el Señor y Pablo. Jesús, ya sí, se le muestra como Señor, muestra su autoridad sobre él. Le pone en camino. Hay mucho que hacer.

Pero no veía…

Se alzó del suelo, todavía no veía. Va a tener que vivir un proceso interior, un proceso de escucha, de búsqueda, de profundidad. Va a necesitar la ayuda, la mediación, el acompañamiento de Ananías para que se le caigan las escamas de los ojos y pueda ver.

Aquí me tienes Señor

El Señor le habla a través de Ananías, quien le acompaña y le instruye. El ministerio del acompañamiento espiritual no es una moda de este tiempo, ha sido una constante en la historia de la Iglesia.

¡Aquí me tienes! Es la respuesta de toda persona que ha sentido la llamada de Dios. “¿A quién enviaré? Aquí me tienes…”, dijo Isaías. “He aquí la esclava del Señor”, son las palabras de María. Dios llama, sigue llamando, nosotros en nuestra libertad podemos decir sí al SI de Dios.

De Saulo a Pablo

De Saulo (‘aquel que ha sido pedido al Señor’) a Paulus (‘siervo, pequeño’). De un nombre judío a un nombre latino y por esa transformación puede ser llamado apóstol universal de gentiles. Hay un cambio no sólo en el nombre. Todo es nuevo, tiene entre significado. Vive a otro nivel.

Es una experiencia tan luminosa lo que vivió en el camino de Damasco que, a partir de ese momento, todo lo que antes tenía valor se convirtió en basura. El centro de la vida ha cambiado. Es un nuevo nacimiento.

Desde aquel día puso todas sus energías al servicio de Jesucristo y de su Evangelio. Este encuentro marcó su vida, su teología, su misión. Se le hizo evidente que no podía imponer a los demás lo que él consideraba ya viejo y caduco.

“Estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Ahora, en mi vida mortal, vivo creyendo en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí” (Gal 2,19). Estar crucificado con Cristo es quedar libre de tantos criterios del mundo y asumir los criterios de Cristo. En Cristo, en la fe, están los nuevos cimientos de su vida. Por eso habla de una vida en Cristo.

El gran amor a Jesucristo en San Pablo

“Para mí la vida es Cristo y morir significa una ganancia” (Flp1, 21) ¿Seríamos capaces de escribir algo así? Esto no se puede escribir porque sí, es reflejo de una vivencia profunda. Todo lo que no sea Jesús es, para nuestro apóstol, intrascendente. Su existencia, sus pensamientos, sus objetivos, su amor es para él. En Jesús ha descubierto Pablo el amor tierno de Dios. “Nada vale la pena si se compara con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, y todo lo tengo por estiércol con tal de ganar a Cristo y vivir unidos a él” (Flp3, 8).

Si la obra que realizo es de Cristo, nada tengo que temer, pues su amor está por encima de mí. Pero habré de tener constancia. Si no siembro, no cosecharé. Si ahora no muero con Cristo, no viviré después con Él.

Me haré fuerte en tu gracia, Cristo Jesús, y sufriré como buen soldado tuyo Señor. Una y otra vez tú me has dicho que un atleta no recibe el premio si no compite conforme al reglamento. Y que al labrador que suda es el primero que tiene derecho a la cosecha. Tú mismo, señor, me has puesto estos ejemplos, y yo te pido que me hagas comprender bien.

“Es doctrina segura: si morimos contigo, viviremos contigo; si perseveramos, reinaremos contigo; si te negamos, también tú nos negarás. Si somos infieles, tú permaneces fiel, porque tú, Jesús, no puedes negarte a ti mismo”.

Oración

Hechos 9,1-20

Salmo 112
¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome?
¿Hasta cuándo, señor, me esconderás tu rostro?
¿Hasta cuándo he de estar preocupado,
con el corazón apenado todo el día?
¿Hasta cuándo va a triunfar mi enemigo?
Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;
da luz a mis ojos para que no me duerma en la muerte,
para que no diga mi enemigo;
“Le he podido”, ni se alegre mi adversario de mi fracaso.
Porque yo confío en tu misericordia:
mi ama gozará con tu salvación,
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho”.

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s