Los frutos de los ejercicios espirituales

“Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia” (EG 279).

1. Breve presentación

Con Dios partimos siempre desde nos encontramos. Quisiéramos haber avanzado más, pero estamos aquí. Desde aquí Dios quiere hacer camino contigo, tiene tiempo para ti. Me pregunto: ¿En qué se nota que soy de Jesús? ¿Se nota en algo la fuerza interior que vivo? Recordemos cómo a Moisés cuando salía de la tienda del Encuentro le brillaba el rostro, se le notaba.

2. LECTIO

Guiados por el Espíritu

“Aquel mismo día iban dos de ellos camino de una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén. Iban conversando entre sí sobre todo lo sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo. Él les preguntó: ¿De qué vais conversando por el camino?
Ellos se detuvieron con semblante afligido y uno de ellos, llamado Cleofás le respondió: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?
El les preguntó: ¿Qué?
Ellos le dijeron: Lo de Jesús el Nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo. Los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.
Él les dijo: ¡qué necios y topes para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?
Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.
Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistían: Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya va de caída. Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: ¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: ¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón! Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan” (Lucas 24, 13-35).

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El relato de Emaús es uno de los pasajes más conocidos y narrados del Nuevo Testamento. Cuando todo parecía perdido, Dios reivindica a su elegido con la resurrección. Este capítulo tiene tres secciones: el encuentro con las mujeres, el encuentro con los discípulos de Emaús y el envío misionero. Este texto tiene una gran actualidad pastoral: encuentro con peregrinos abatidos; diálogo; iluminación por la palabra; eucaristía; comunidad; misión.

El método de la evangelización es caminar juntos

Cleofás y su amigo, están defraudados, incluso deprimidos, se alejan de la comunidad huyendo de Jerusalén. De improviso Jesús aparece junto a ellos caminando bajo aspecto de un peregrino cualquiera. Jesús no les dice: ¡Media vuelta. El futuro está en Jerusalén, estáis en el camino equivocado! Sino que Jesús camina con ellos porque sabe muy bien que la mejor manera de encontrar al otro es hacer un trecho de camino con él. Lo importante es siempre, en primer lugar, saber alcanzar al otro.

Escuchar

Y Jesús les dijo: ¿De qué discutíais en el camino? Para Él, el otro es siempre sujeto. Y uno de los dos discípulos encontrados en el camino, Cleofás, acepta hablarle y contarle su dolorosa historia. Jesús calla. Escucha sin decir nada. Y sin embargo, vaya si tendría cosas que decir, porque esta historia es su historia. Podría completar, corregir…Pues no, se calla. Sabe muy bien que lo importante en este momento es escuchar. Lo importante no es conocer la historia del otro, sino comprender la manera como él la ha vivido. Y sólo él es capaz de contarla. Y solamente el silencio permite al otro revelarla.

Y nosotros esperábamos

“Y nosotros que esperábamos que fuera Él el que iba a liberar a Israel”. Jesús deja hablar, en ningún momento les interrumpe. Hacer camino con alguien, acompañar, es saber escuchar. Lo más difícil no es aprender a hablar de manera sensata, sino sobre todo aprender a escuchar en profundidad.

Ahora Jesús toma la palabra para releer con ellos la historia. Arranca desde el pequeño resquicio abierto para iluminar la historia con nueva luz. Jesús les ofrece otra interpretación…Y así algo nuevo aparece.

Acoger a Jesús en la propia casa

Una etapa decisiva es acoger a Jesús en la propia casa. Es un cambio significativo. Y allí juntos comparten el pan. La Eucaristía es, para el creyente, el signo de su presencia real. “Una educación en la fe que olvide u omita el encuentro sacramental de los jóvenes con Cristo, no es el camino para encontrarlo” (Don Pascual Chávez).

Cleofás y su amigo han dado un cambio total. ¡Se convierten! Dan la espalda a los lamentos del pasado y reabren su porvenir. Vuelven a Jerusalén, y allá se reintegran al grupo. Cuentan su experiencia, y descubren que los demás también han hecho una experiencia semejante.

Jesús da respuesta a los deseos más profundos del hombre

Esta es la experiencia de todo cristiano desde siempre. Una vida centrada en Jesús se caracteriza por:

Alegría (básica, interior, que no se pierde a pesar de las dificultades y del sufrimiento).
Paz (serenidad, calma, libertad interior, disponibilidad al Señor)
Creatividad (expansión del horizonte interior, iluminación interior)
Buen ánimo (deseo de vivir y de crecer. Cuanto más centrado estoy en Cristo más crezco como persona).
Entrar y permanecer en el misterio.
Vivir la cruz.
Libertad sana y creativa.
Amor solidario, sin condiciones y sin límites.

Los frutos de unos ejercicios espirituales

Uno de los momentos privilegiados del encuentro con Jesús lo marca la experiencia de la resurrección. Sabemos que hasta este acontecimiento no se produjo en los discípulos el verdadero encuentro con el Señor de su vida. Todos los evangelios están escritos con la experiencia de la resurrección como central. De hecho podríamos hacer un seguimiento al proceso de transformación que se percibe en algunos de los apóstoles, gracias a la experiencia de la resurrección.

No es fácil decir qué hacen en nosotros unos ejercicios espirituales. Aún así me voy a arriesgar proponiendo algunas consideraciones para nuestra reflexión.

Quien hace ejercicios tiene la sensación de sentirse acompañado por Jesús mismo.
Quien hace ejercicios tiene la huella de ser un apasionado por la misión.
Quien hace ejercicios tiene la huella de ser defensor del nombre de Dios en la historia.
Quien hace ejercicios sabe vivir con las paradojas de la vida.
Quien hace ejercicios sabe tener una relación afectiva y cercana con Dios.
Quien hace ejercicios se sabe en camino, en proceso.
Quien hace ejercicios se sabe en comunión con la Iglesia.

Oración
Lucas 24, 13-35

Salmo146
Alabad al Señor, que la música es buena;
Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel;
él sana los corazones destrozados, venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados.
Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la cítara para nuestro Dios,
el señor aprecia a los que lo temen,
que confían en su misericordia.

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